Al empezar el día, salgo de el polideportivo y mi sorpresa al encontrarme a un anciano con apariencia de mozo pero que tenía 84 años ¡la hostia! si le echaba 65. Pero es que los vascos están hechos de otra pasta. Es alucinante los ves por la montaña corriendo sin ahogarse y si hablas con ellos y te dicen que el camino del Norte no es un rompepiernas (no que va!) y que es fácil (claro...). Pero el caso es que el viejete este me ha llevado a una cafetería abierta a las 6 de la mañana para que pudiera tomar algo caliente antes de empezar la caminata y he compartido bontias experiencias con un octogenario vasco. La verdad es que la gente que estoy conociendo es muy maja, aunque hay muy pocos expañoles .
Volviendo a la etapa, ahora mismo estoy en Lezama y estoy maravillado con el sitio y con el hospitalero el cual es del tipo de hospitalero que hacen del camino una experiencia inolvidable. La verdad es que se nota cuando un hispitalero está haciendo esto por verdadero amor y conoce de primera mano lo que es ser peregrino y se esfuerza en darlo todo para que te sientas como en casa. Mañana pasare de Lezama a Portugalete y descansaré un poco. Así que dejaré Bilbao de lado.
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