Hoy madrugón y espera de una hora y media en el embarcadero de Laredo-Santoña ya que el barco salía a las 9 de la mañana con lo consecuente he aprovechado para tomar el sol un poco de muy buena mañana y escribir otro poco en la orilla del mar con la paz que transmite y su oleaje. En el momento que cruzamos y empezamos la marcha empieza también el calvario del Cantábrico: las carreteras y el asfalto que abundan aquí en el recorrido del norte y que he de asumir y mentalizarme por que sinó malament. El calor ha sido sofocante en el día de hoy y se ha juntado el hambre con las ganas de comer, literal y metafóricamente. Así que como se me ha hecho tarde he decidido comer algo por el camino que se echaba en falta el pescaito de casa...todo un acierto ya que estaba riquísimo.
En cuanto a mi estado físico el cuerpo ya esta casi adaptado a caminar de 6 a 8 horas diarias con mochila y mis rodillas apenas se quejan a no ser que las bajadas sean infernales que por suerte no ha sido el caso de hoy. De camino también he podido darme un chapuzon en una playa preciosa que estaba repleta de grandes rocas apiladas que sobresale del mar y arena creando un paisaje alucinante que gana con un sol espléndido (NAJA) Por otro lado hoy tampoco he estado muy en contacto de gente así que la soledad en el recorrido a excepción de los lugareños ha sido total lo cual no ha sido triste ni mucho menos, ya que hace mucho que comprendí que hay que aprender de la soledad y a estar solo, ya que en algun momento de tu vida acaba siendo inevitable. Aquí aunque vengas o vayas acompañado acabas inevitablemente por estarlo...
Mucha gente dice que le da miedo hacer este viaje solo/a de hecho la gran mayoría no lo haría si no fuera acompañada, aunque al final el miedo más frecuente y poco conocido es el miedo a uno mismo. Esto sucede al dialogar y vivir tantas cosas con un mismo, interiormente, es ahi donde pueden aflorar sentimientos, recuerdos reprimidos, el amor, la paz, la claridad, el espíritu...
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