viernes, 16 de julio de 2010

Día 2

Salgo temprano (5A.M) y todo esta en calma y húmedo, puesto que en la noche ha llovido y se nota el frecor de la mañana. Empiezo la ascensión por Igeldo y el mar está bastante revuelto, así que mientras camino en silencio me acompaña el rumor del mar Cantábrico, el cual puedo ver con deleite entre los árboles del frondoso bosque vasco que en ocasiones no deja ni pasar la luz, por lo que se crea una luz y un microclima que resulta bastante peculiar. Las sendas son angostas y salvajes en las que se me estampan las telas de araña en la cara. Hoy no veo peregrinos y al ser temprano tampoco mucha gente. Los animales me alegran la caminata; vacas, cabras, caballos y algún que otro gallo que avisa de que ya es de día. La soledad me anima a participar de la conexión de la naturaleza con el mar y con este magnífico bosque. Los repechos se suceden uno tras otro, pero compensa con el paisaje que no me deja de sorprender, y por fín veo a dos peregrinos que llevan paso firme y que saludo. El primer pueblo es Orio, tambien de tradición pesquera y aspecto humilde. Tan solo 6km me separan del final de etapa que intuyo próxima ya que a diferencia de ayer que hacía 22º hoy es bastante diferente i podríamos estar a 32 al sol perfectamente. Cuestas de última hora que no dejan de machacar mi cuerpo (es la tónica de el camino del Norte, subidas y bajadas a pueblos y montañas continuamente). Es mediodía y ya he llegado al albergue así que no voy a continuar debido al cansancio y al calor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario